Han pasado años desde que hiciera este viaje, y meses desde que decidiera ponerlo por escrito. Puede que un blog de viajes no sea un sitio para hablar de la experiencia de un Guardiamarina de la Escuela Naval Militar; sin embargo, el crucero de instrucción a bordo no deja de ser un viaje por el mundo y un viaje de mi vida. No todo el mundo puede decir que ha estado 7 meses en alta mar o que ha circunnavegado Sudamérica; no todo el mundo puede decir que ha estado a bordo del Juan Sebastián de Elcano. Es por todo esto que me veo obligado a contar aquí esta mezcla de viaje y experiencia marinera.

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2 de enero: Toda la promoción se reúne en Carraca, San Fernando. Embarcamos nuestros enseres y nos repartimos las camas según las distintas vigilancias, es decir, las guardias de mar. Nos ponemos de “bonito” (es como decimos a ponernos el uniforme de gala, el 14 botones) y vamos a la capilla de Carraca a oír misa. Desde ahí cogemos a la Virgen de la Galeona y la llevamos en procesión hasta el barco, donde embarca junto con toda la dotación para navegar hacia Cádiz. Una vez hecho puerto, se desembarca a la Virgen y nos dirigimos al Ayuntamiento para tener una recepción con la Alcaldesa. Finalizados los actos protocolarios, vamos con las familias para pasar juntos la última noche.

3 de enero: La mañana comienza con una misa en la Iglesia de los Dominicos, y de ahí un desfile hasta el barco. El muelle del puerto de Cádiz está a rebosar y los alumnos ya nos encontramos en los tranvías listos para decir adiós. Cinco minutos más. Aprovechamos y bajamos a dar un último beso. Esta vez si será el último. Una vez volvemos a subir se empiezan a soltar amarres y poco a poco el barco se aleja de las defensas mientras dos remolcadores intentan hacerle virar. Las familias empiezan a verse cada vez más pequeñas mientras que nosotros decimos adiós con la gorra en alto, sin parar un segundo hasta que sus imágenes se hacen difusas en la lejanía. Sin tiempo para reaccionar, se toca maniobra general (una llamada por megafonía para que todo el mundo acuda a su puesto en la maniobra), y es que desde este momento el barco no podrá hacer nada por sí mismo si no estamos tirando de estacha, recogiendo paño, llevando la caña o tomando la voz.

4 de enero: La primera noche a bordo resulta movida. Parece que se avecina temporal y entran olas de 4 metros y hay viento de 40 nudos. Y eso que aún estamos en la Bahía de Cádiz. Se toca maniobra general y vamos todos a los puestos para preparar el aparejo de cara al temporal que se nos avecina. Es la hora de la comida pero no se puede cocinar debido a los pantocazos de que da el barco, así que un sandwich y a intentar descansar que la cosa se pone cada vez peor. Nos dan varias coferencias de seguridad a bordo, contraincendios y procedimiento de hombre al agua, así como el plan de estudios que debemos realizar, pero hay que suspenderlas: el temporal ha llegado. A pocas millas de costa y en dirección a Las Palmas de Gran Canaria, el temporal nos azota con olas de 6 metros y vientos racheados de hasta 60 nudos. Una ola ha cubierto el alcázar del barco y ha inundado la cámara de guardiamarinas, donde comemos y damos clase. La navegación ha comenzado.

5 de enero: El día comienza muy temprano, a las 4 de la mañana con la panadera. Las guardias de noche están divididas en prima, de 2000 a 0000, media, de 0000 a 0400 y alba, o panadera, de 0400 a 0800, momento en el que empiezan las clases. Además, un alba es la manera de castigar a bordo: cuando se hace algo mal, te sancionan con un alba, con lo que hay veces que las noches se hacen tremendamente largas. Aunque hay que reconocer que no todas las guardias son iguales. No es lo mismo estar encerrado en la sala de máquinas o de guardia interior, controlando al personal, que estar en puente. La sensación de llevar el barco unido a la libertad que ofrece ver un horizonte de agua en todas las direcciones es indescriptible. Los atardeceres en cubierta en medio de la inmensidad del mar es algo dificilmente olvidable.

6 de enero: Han venido los Reyes! Nos encontramos con un gorro de lana cortesía del Comandante, que nos vendrá genial en unos meses. Desayunamos roscón, vamos a clase y subimos a los palos. Subir por la jarcia es bonito pero difícil cuando la mar no acompaña. Los flechastes y obenques no están en perfecto estado e impone bastante. Una vez en la cofa, la inclinación de la jarcia cambia y uno se queda suspendido con el único agarre de sus manos. Una vez en la cofa, nos desplegamos a nuestros puestos, que pueden ir desde cualquiera de las vergas del trinquete (el palo más a proa) a los estays y escandalosas de los demás palos. En mi caso, me toca el penol de babor del trinquete: esto es, el extremo izquierdo del palo de más abajo de la cruz. Peor lo pasan los que suben al juanete (la parte más alta), sobretodo cuando nos toca estar 6 horas en los palos con mal tiempo.

9 de enero: Tras varios días de rutina en la mar, consistente en diana a 0700, desayuno, revista de policía, clases, deporte (aunque parezca mentira, corremos dando vueltas por toldilla, hacemos flexiones y abdominales. No es gran cosa pero con una buena dieta te mantienes), más clases e instrucción, llegamos a Las Palmas, primer puerto, en el que a penas pasamos dos días, lo justo para tener un acto en el arsenal, hacer víveres y mentalizarnos de que ahora si, comienza la aventura.

10 de enero: Domingo a bordo. A 1000 tenemos misa en el alcázar. Por suerte, los domingos tenemos un respiro de clases y exámenes y es el día libre, a excepción claro está, de cuando tienes guardia. Ya dejamos atrás Canarias y el tiempo empieza a notarse más tropical. Sol, calor y ni pizca de viento. Tal es así que las velas parecen los relojes mojados de Dalí. El mar tiene un color que nunca había visto. Ese azul, esa intensidad, no la conocía. Lo bueno de tener tiempo libre y que haga bueno es que hay playas; esto es irse a los tranvías y poder tomar el sol. Momentos únicos desde luego. Cuando empieza a bajar el sol, subir a toldilla con un buen libro, solo y sin ningún ruido, salvo algún tímido romper de una ola contra el casco, mientras el sol se pone en el horizonte con una parsimonia tal que te deja casi contar los rayos que emite, es una sensación de paz máxima, que te hace sentir que nada en el mundo te podría molestar en ese momento.

11 de enero: Rumbo a Río de Janeiro, damos todo el aparejo. La ligera brisa arrecia un poco, y con todas las velas el barco “no corta el mar sino vuela” a doce nudos. Trinquetilla, foque, petifoque, contrafoque y foque volante en el trinquete cruz (Blanca), cuyas vergas son el trinquete, velacho bajo, velacho alto y juanete. En los siguiente palos, el mayor proel (Almansa) y en mayor popel (Asturias) hay un cangrejo, e igual en el mesana (Nautilus), el palo de popa, que por ser algo más grande se le llama cangreja. Además, las velas altas, los estays y escandalosas de cada palo.

JuanSebastianElcano

12 de enero: Singladura en la que cruzamos el trópico de cáncer dejando al este las islas de Cabo Verde. El empuje continuo de los alisios, que en su día llevaran a Colón y a otros tantos marinos en busca de nuevos mundos para escribir con letras de oro las páginas más gloriosas de nuestra historia, son los que nos empujan, lentos y constantes, pero que nos permiten no dar motor. Tenemos en el día de hoy el primer concierto. La banda, situada en el alcázar, es rodeada por los mandos y profesores, los alumnos y la dotación. Tocan un repertorio que va desde clásicos españoles a canciones nuevas internacionales. Hoy estamos cortados por ser el primero pero se deja ver a un nutrido grupo de guardiamarinas que harán de los conciertos su sábado noche particular.

13 de enero: 30 grados en el paralelo 12 y cada vez más cerca del ecuador. El viento va amainando y acercándose a la calma chicha. Hemos pasado de ir con todo el aparejo a quitar ya los foques del trinquete, y apenas damos 6 nudos a rumbo 200.

14 de enero: A la alta temperatura se le suma un 100% de humedad. ¿Quién puede atender en clase? Lo único que apetece es salir a cubierta y darse una buena ducha. Hoy se cambia la uniformidad, pasando de la faena azul marina a una compuesta por, ojo: naúticos azules, calcetín alto blanco, pantalón corto blanco y camisa de manga corta blanca junto con la beisbolera azul. Olé! Eso sí, al menos el concierto de hoy es especial, y es que al finalizar el mismo, la banda se pone de pie con toda la dotación detrás y da la vuelta por todo el alcázar al ritmo de Paquito el chocolatero, terminando incluso de rodillas en el estribillo. Después del subidón, como una tormenta repentina de verano, vuelta al estudio y a las guardias como si nada hubiera pasado, intentando contener la adrenalina que se genera en momentos así.

15 de enero: El calor es asfixiante. No se puede estar. Los ratos libres en los que sales a cubierta, te das una ducha de agua helada y tomas el sol son increíbles. No hay isla paradisiaca ni destino tropical que se compare a esa sensación. Hoy a nuestro querido Páter se le ha ocurrido hacer una revista a bordo, como si no tuviéramos ya cosas que hacer. Ah, y en el concierto han tocado “tenía tanto que darte”… qué subidón, y es que es viernes, hoy se saleeeee! Es broma, a estudiar y a la cama que hay guardia.

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16 de enero: Tenemos las primeras clases de inglés con un Alférez de Navío de la Royal Navy Británica. Un par de conferencias y el sábado por la tarde es como si fuera domingo: a descansar. Me cuesta mucho irme a la cama o quedarme con el ordenador en la cámara de guardiamarinas con lo que hay ahí fuera. Estar en cubierta, con una suave brisa ecuatorial y viendo el cielo y el mar con unos tonos azules indescriptibles…. eso no tiene precio. Y para colmo, una vez anochecido, cuál es mi sorpresa cuando cuelgan entre las escalas de toldilla una sábana, instalan un proyector y unos altavoces, y en medio del oceáno, bajo un manto de incontables estrellas, ponen una película. ¿Cuál era? Imposible recordarlo. Ahora bien, que jamás en mi vida había estado más a gusto, de eso, si que estoy totalmente seguro.

17 de enero: Domingos en la mar me parecen regalos divinos. Creo que debería pagar por momentos como esos. Desayunamos chocolate con churros y el resto del día haciendo vida en cubierta. Esta tarde, antes del ocaso, unos cuantos subimos a la cofa para ver al sol esconderse desde lo más alto del barco. Dicen que en el ecuador, cuando el sol se pone sale un rayo verde. ¿Será verdad?

18 de enero: Día de rutina en la mar, con clases y guardias. Las asignaturas que damos son muy variopintas, desde táctica y operaciones anfibias propias de Infantería de Marina a otras más navales como meteorología o navegación. Hoy hacemos como castigo el primer rosario, que consiste en subir y bajar las cofas de los cuatro palos.

19 de enero: A 0700 me despierta la banda tocando el tractor amarillo. Es lo que se llama una diana floreada. Y es que estamos a solo unas horas de cruzar el ecuador. El barco es una fiesta, hasta que llega el Dios Neptuno, que junto con sus ninfas y sus negritos toma el mando en el puente, iza la bandera pirata y se dispone a celebrar la ceremonia de cruce del ecuador. Mientras que Neptuno gobierna, reina el caos, y el Comandante del barco y los mandos son castigados a baldear la cubierta y a realizar tareas poco decorosas mientras que la marinería se pone la uniformidad de los jefes y se dedica a darles órdenes. En cuanto se calma un poco la cosa, toda la dotación se reúne en torno a Neptuno. De uno en uno, todos los que no hemos cruzado nunca el ecuador desfilamos delante de él, que nos corta un mechón de pelo, nos da un chupito de quién sabe qué para que después sus negritos nos metan en posición invertida en un enorme bidón que contiene algo que jamás sabré que es.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA1 de febrero: Han pasado varios días de pura rutina. Parece mentira que algo que un día te parece único e irrepetible puede incluso cansarte después de un tiempo. La navegación es bonita, pero son muchos días seguidos rodeados de agua, con la misma monotonía, y el cansancio se empieza a notar. Claro que se valoran las cosas pero se siente ya la necesidad de salir del barco. 25 días para ir de Las Palmas a Río de Janeiro dan para mucho. El día a día no es otra cosa que las clases, el deporte y las guardias, además de las maniobras generales en las que subimos a los palos para hacer virar el barco. A veces el concierto, y otras pequeños detalles son los que convierten un día más en uno especial. Recibir correos electrónicos de la familia desde luego es un motivo de esos que te alegran el día; sin embargo, uno se ve obligado a pensar como era posible hace 500 años que los marinos españoles recorrieran los mares ya no solo sin recibir emails y sin saber de sus seres queridos, sin ni siquiera saber si llegarían a puerto o si volverían algún día a España.

2 de febrero: Fondeamos en Cabo Frío, un atolón a 60 millas naúticas de Río, que tiene unas aguas cristalinas como pocas veces hemos visto. Realizamos el aferrado de puerto, que significa recoger las velas y ponerlas en modo “barco pirata”, algo que se hará siempre antes de entrar en puerto, pero que el tiempo de maniobra puede cambiar en tanto en cuanto quede bien hecho o no; hoy, 3 horas bajo un sol y un calor difíciles de soportar.Tenemos una mezcla de ansia y nervios que no soportamos. Esta noche hay concierto y conseguimos descargar algo de tensión. Poca después del ocaso, se levanta el fondeo: Río, hemos llegado.

RIO DE JANEIRO: Se me ponen los pelos de punta solo de recordarlo. Primera vez en Sudamérica, primera vez en el hemisferio sur, y para muchos primera vez fuera de Europa e incluso de España. Y Río es una de esas ciudades que recibe al turista con los brazos abiertos. Es verdad que es peligrosa, y que hay zonas que no se deben visitar, pero ciñéndose a zonas turísticas y tomando precauciones se disfruta muchísimo.
Entramos por la bahía de Guanabaira, viendo en todo momento el Cristo de Corcovado y el Pan de Azúcar, símbolos de la ciudad. Aunque llegamos a primera hora de la mañana tenemos que esperar casi tres horas hasta la llegada del embajador español en Brasil. Una vez le hubimos saludado, ya si que pudimos salir por fin a tierra.

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