La capital política marroquí parece el patito feo del país. No tiene el interés turístico de Marrakech, ni la mezquita de Casablanca, ni las casas azules de Chefchauen ni los curtidores de Fez. Pero tiene el rincón inesperado, la sorpresa, la magia, y ese: “ah, pues me lo esperaba peor”. Aquí os dejo un pequeño recorrido por los principales puntos de interés de la ciudad, a los que habría que dedicar al menos un par de días. Por cierto, ¿habéis visto que he puesto la capital política? Sí, sí… Marruecos no tiene una sino…

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… tres capitales. Rabat, como mencionaba anteriormente, es la capital política del país, mientras que Casablanca, a una hora más o menos de distancia, ostenta el título de capital económica. Por último, Fez es la capital espiritual, lo que le otorga al reino marroquí el ser el único país del mundo con tres capitales. Pero bueno, vamos al lío:

La Kashba de los Oudayas (قصبة الاوداية): Entre el río Bou Regreg y el océano Atlántico, se levanta una ciudad del siglo XII creada por los almohades. Destruida y reconstruida varias veces, es a mi juicio, la joya de Rabat. La “ciudad dentro de la ciudad” está rodeada por una muralla, que cuenta con varios accesos a la misma. El de más al norte, junto a la Puerta Oudaya, da a la medina, y el de más al sur a los jardines andalusíes.

Si entramos por la primera puerta nos sumergimos de repente en Chefchauen o Asilah, pues nos metemos en un entramado de calles estrechas, mal adoquinadas, con todas las casas pintadas de blanco y ese azul tan característico, adornadas como siempre, con flores y plantas para dotar si cabe de más color a los estrechos callejones. Merece la pena perderse intentando ver cada rincón, teniendo como punto final la inmensa plaza que da al mar y al río, y junto a la que se encuentra la librería de la medina, en la que poder tomar algo más que un zumo de naranja natural. En cuanto a la segunda puerta de acceso, se puede encontrar el museo de los Oudayas, el de la joyería, una mezquita (a la que no se puede pasar si no se es musulmán, as usual en Marruecos), un café con una terraza espectacular, y unos jardines, que son un auténtico remanso de paz y tranquilidad en medio del bullicio capitalino. Eso sí, ojo a las mujeres que van buscando hacerte tatuajes de henna; ¡son MUY rápidas, y te estás tatuando casi sin que te des ni cuenta!

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La kashba está abierta todos los días, las 24 horas del día y el precio es… gratis, ueeeeeee!!!

 

La Playa de Rabat: Evidentemente, si vais fuera de la estación estival, esta parte tiene poco sentido, pero si no, Rabat no tiene mala playa. Es grande, el agua está bastante decente y se puede incluso hacer surf. Peeeero, suele estar llena, muy llena. Además de Edén y Skhirat, a las afueras de la capital y de más alto nivel, las playas de Rabat salvan del apuro y permiten pasar un magnífico día de playa en pleno centro de la ciudad.

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El Mausoleo de Mohamed V
(ضريح محمد الخامس): Es un sepulcro real donde se encuentran enterrados el Rey Mohamed V (abuelo del actual Rey), y sus hijos, Hassan II (padre del actual Rey) y Mulay Abdelah. Construido durante 10 años (entre 1961 y 1971), es una joya de estilo árabe-andaluz. Se encuentra en lo que fuera anta una mezquita, y que hoy es un inmenso patio con decenas de columnas, todas ellas dirigidas por la Torre Hassan, alminar incompleto de dicha mezquita, igual por cierto que el de la giralda de Sevilla y el de la mezquita de Marrakech.

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Se encuentra en Boulevard Mohamed Lyazidi, su entrada es gratuita y el horario de 0900 a 1800.

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La Medina 
(المدينة): Mucho más tranquila que otras más famosas como la de Marrakech, permite hacer exactamente lo mismo. Disfrutar del día a día de la vida tradicional y hacer compras a buenos precios siempre y cuando se sea un buen “regateador”. Se accede por la puerta Bouiba (que da al mausoleo Sidi Mohamed Al Aidi), de Chella (cerca de la mezquita)  o la de Mellah (junto a la calle de los Cónsules).
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La calle más importante es Suiqa, si bien cualquier callejón ofrecerá rincones de fotos, tiendas de ultramarinos, y algún comercio de alfombras o artesanía. Sin embargo, la calle con más encanto es a mi modo de ver, la de los cónsules, que empieza en las cercanías de la Kashba de los Oudayas y se mete hacia el corazón de la medina. Ls que fueran las casas de los antiguos cónsules, son hoy puestos de artesanos y patios que cuentan las alfombras por miles. Suelen cubrir la parte más estrecha con toldos por lo que se puede pasear por ella incluso cuando la meteorología no es la mejor. ¡Y eso si, regatead como si no hubiera mañana!

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La Kashba de Chellah (también llamada necrópolis): Los romanos crearon sobre un asentamiento fenicio una ciudad que llegó a ser muy importante, pero que con el paso de los años fue a menos, hasta que en siglo XIV quedó como tumba del sultán de la época, Abu Al Hasan Bin Uthman. En la actualidad, se pueden visitar, atravesando para ello la imponente muralla y puerta principal, lugares como el barrio de los artesanos o varias mezquitas y mausoleos, destacando la mezquita de Abu Yussuf Yaqub o el mausoleo de Abd Al Hasan.

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Se encuentra en el cruce de la avenida Imam Malik con la avenida Yacoub Al Mansour. Su horario es de 0830  a 1830 y la entrada vale 10 dirhams (1euro aprox).

 

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